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Dibujo a lápiz, compañero de la infancia

Es muy probable que pocos hayan cogido por la pechera un programa 3D o uno de edición de video, fuera del circuito profesional. Sin embargo, ¿quién no ha sujetado un lápiz?. Esa combinación de madera y grafito, con la que empezamos a hacer las primeras sumas, presto el borrador en la otra mano. O a trazar la primera fisionomía humana, que se componía de un círculo grandote sobre un armazón de palotes que hacía las veces de tronco y extremidades. Todos hemos dibujado ese mismo muñeco cabezón, tan próximo a Altamira. Prácticamente nadie comenzó haciendo un tipo con sus contornos, formas, luces y sombras. Sólo la fascinación, la práctica, la constancia, fué selecccionando de un modo natural a la gente que después se convertirían en pintores, dibujantes o diseñadores. Todavía muchas personas creen, a mi entender erróneamente, que el pintar o el dibujar bien, es un don. Cómo si una varita mágica hubiera convalidado miles de horas frente al papel, el lienzo o la misma pantalla del PC.

El dibujo a lápiz, compañero de la infancia, empezó a transformar  el mundo visual de muchos de nosotros. Comprobamos que se desenvolvía mejor sometido al dibujo que a las matemáticas o la lengua. Aprendimos a girarlo, ponerlo vertical, apretarlo, acariciarlo… Comprendimos que los dedos podían emborronar adrede las zonas que quisieramos difuminar. Que el borrador marca Milan, lograba sacar brillos mágicos de entre la oscuridad. Supimos discernir entre las siglas HB y HD. Subimos notablemente el nivel de exigencia del sacapuntas. Buscamos con ahínco el complemento sutil de su primo, el portaminas. Empezamos a valorar el papel sobre el que extender el grafito. Los compramos por decenas. Y apenas lo pervertimos ya. Ni para hacer cuentas, ni para copiar las Rimas de Bécquer.

La imagen de este lobo es un homenaje al lápiz. Y al mismo lobo en sí. Y un poquito también a un tal Félix Rodríguez de la Fuente, que enseñó a tantos niños a mirarlo de otro modo. Y a mi hija mayor, a quién va dedicado. Definitivamente, ha sido un placer poner un lápiz en mi vida. Admito, que tengo que usarlo más.

 

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