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El madroño se volvió palmera

Esa tarde el viajero bajaba por la calle Bélgica. Una pantalla de plasma vibraba a todo blanco y negro tras el escaparate. Había balones, trofeos, alineaciones, chichas, jacos, campos, Silva, Juncosa, Ben-Barek…  Subió las tres escalerillas a la altura del número que Julián García lucía en su zamarra, y se metió de lleno en la historia. Pudo abrirle amablemente la puerta el amigo del nieto de Pachón. Invitarle a que tomara asiento la cuñada de la amiga de la sobrina de Castillo. Departir con el peluquero del biznieto del "Lichi". Coincidir mirando uno de los paneles con la cuñada del nieto de la señora de Martí-Gimeno. O mirar a los ojos astillados de vida y aventura del mismo Jaco Zafrani. Una vez que se descorren las cortinas del tiempo, pueden pasar esas maravillas. El viajero ha encontrado un viaje que ni siquiera había planeado. Más allá de los mapas, los GPSs, las brújulas y los catalejos; está el Fútbol. Ese engrudo que sólo tiene dos componentes: coraje y corazón.

Una mesa institucional, abrió el acto: desde Javier Galván, director del Instituto Cervantes de Rabat, a Fernando Vara de Rey, ministro de la casa Sefarad  e integrante de la asociación promotora, Los 50; pasando por el cónsul en Tánger, Arturo Reig, y el director del IC en Tánger, Enrique Beamud. Sus intervenciones desarrollaron una semblanza desde aquél Marruecos de época hasta el actual. Anécdotas, curiosidades, entreseijos y maravillas se fueron desvelando en primera instancia. Todo con la amalgama del fútbol como hilo conductor. De entonces y de ahora. Y el eje cultural, vertebrador, que aquellos míticos equipos de Tetuán fueron forjando entre el crisol de gentes que convivían en la ciudad. Todo un ejemplo, sin duda, no sólo de tolerancia y respeto; también de unión. No puede explicarse de otra manera la piña humana que se formó durante años en torno a una idea, una ilusión que al final encontró su botín: el ascenso a la Primera División del fútbol español. Nada más y nada menos. Cómo arguyera Fernando Beamud, Atlético de Tetuán y Atlético de Madrid compartieron un rasgo muy familiar al Instituto Cervantes: ser quijotes. Y sobrevivir en una lucha continua con molinos de vientos. Sin ni tan siquiera Sanchos que nos adviertan que no son gigantes, añadiríamos.

A la presentación social del primer corte diplomático, le siguió una segunda mesa, conformada por el núcleo eminentemente deportivo del acto. Luis Fuentes, presidente de la rojiblanca asociación Los 50, dibujó unos esbozos sobre la finalidad y sentido de la misma, que gira en torno al Club Atlético de Madrid, su historia, tradiciones y valores, constituyendose cómo un "centinela" que, no sólo preserve todo aquello que huela y sepa a colchonero, sino que lo potencie y ponga en valor. Hay muchos presentadores-barra-moderadores, pero permitannos que con Luis tengamos una devoción especial. Y sí, seguramente es porque, como decimos nosotros, es uno de los nuestros. Pero eso casi que es secundario, tal y cómo desarrolla y gestiona los actos… Además, en éste en concreto, es toda una autoridad en materia tangerina, en el apellido lo lleva. Al otro extremo de la mesa, que no de los alegres colores de la raya roja y blanca, Miguel Ángel García. Con toda certeza, una eminencia en el Atlético de Tetuán. Está en el podio, y muy arriba. Ha sido el alma mater de la exposición, a través de una ingente labor de acopio de material. Se han puesto 85 fotos pero podrían haberse hecho otra docena más de paneles además de los 15 de precepto. La culpa, del señor Documentalista y su afán sin límites por conocer más del club tetuaní. Y enmedio… Jaco Zafrani. O Safrani, no me ha quedado muy claro. En cualquier caso, con "s" o con "z", una bestia de la vida. Un canto a la vitalidad. Un "está para jugar" que se repite hasta la prórroga. Lástima que esas piernas de futbolista no le acompañen a sus 85 años. O quizás sea un milagro que le sigan acompañando… La verdad es que Jaco Zafrani es una de las fuerzas que la Naturaleza decidió meter entre un cuerpo humano. Si se lo perdieron en Tánger, no vuelvan a dejar pasar la cita de Tetuán.

Entre sección y disección de aquél equipo-milagro que copó la década de los 40 y 50, se le dieron 10 minutitos a otro de los protagonistas. Ausente, pero grabado a cámara y fuego, listo para ser reproducido a todo esplendor. Se trata de Esteban Alarcón, central por la gracia de cualquier dios que ame el fútbol. Presentado como un zaguero de técnica exquisita. Como una némesis de Griffa. Del mismo Jaco. A pesar de la tristeza de no poder verle jugar, creemos en su palabra. Faltaría más. Lo que sí podemos atestiguar, es que se trata de todo un personaje. Un tipo salao como el agua de la costa ceutí que le vió nacer. ¡Qué decena de minutitos nos regaló!. Porque las aventuras cuando, además de con rigor, se cuentan con gracia, entran en un coto cerrado para pocos. Esteban Alarcón, es uno de ellos. Si le cantara Sabina, tendría que extenderle un "¡qué manera de reir!" al portador. 

Sí, el madroño se volvió palmera. La senda de Los 50, continúa. En esa incansable y gratificante labor de ir tirando de aquellas madejas que el tiempo va dejando arrinconadas, que no perdidas. De éste modo, seguiremos tejiendo la historia del rojiblanco Atlético de Tetuán en su ciudad de origen. Y en Ceuta, después… Así es que, preparanse todas las lanas que vayan a hebras rojas y blancas. No queremos dejarnos ni una. Como dijera nuestro compatriota Fernando, seguimos buscando "Atletis". O reyes de la furia española, como se quiera decir.

Desde Rander creativo estamos encantados de contribuir a visionar todos esas piezas de puzzles que nos depara el Fútbol y la historia. Por cierto, la vallecana que estuvo creando uno de los reportajes fotográficos en el acto, espectacular; no se puede ni debe quedar en el tintero.

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